España acababa de salir de una guerra civil. Europa, de una mundial. Había hambre, frío, silencio, miedo.
Y en medio de ese panorama, Santiago Lagunas presenta a la Curia un boceto para el nuevo Hospital San Juan de Dios. Un dibujo que parecía sacado de una película de Disney: dos torreones, un foso, jardines interiores, un canal navegable. Casi como una casa de muñecas.
Y claro, ni estaba el horno para bollos… ni el patio para farolillos, que diría la folclórica. Pero ese boceto se construyó. Porque alguien —Lagunas, la Curia o ambos— decidió no resignarse al gris de la posguerra. Apostaron por lo que hoy se llama “entornos sanadores”, sin saber que estaban veinte años por delante de la evidencia científica.

80 años después, el hospital no solo sigue vivo. Sigue liderando. Hace 20 años, en 2006, propusimos a su ingeniería algo que entonces sonaba casi a ciencia ficción: geotermia húmeda.
El objetivo era claro: renovar las instalaciones térmicas, eliminar las viejas torres de refrigeración y, de paso, quitar de en medio un riesgo sanitario muy real. En 2004, un brote de Legionela en un céntrico hospital zaragozano se cobró cuatro vidas. Ni la dirección del hospital ni las autoridades sanitarias iban a esperar a que aquí pasase lo mismo.
La solución fue quirúrgica: desmontaje de estas torres y realización de dos pozos de captación y uno de reinyección, perfectamente integrados en la central térmica subterránea. Un edificio histórico, con protección especial, donde no podíamos tocar ni fachada, ni cornisa, ni cubierta

En 2016 dimos un paso más. Culminamos la desgasificación reconvirtiendo las plantas enfriadoras en bombas de calor y diseñamos desde cero un prototipo específico para San Juan de Dios con una promesa clara: Cero emisiones de CO₂.
Y de regalo: unos 120.000 € anuales de ahorro energético, gracias a la eficiencia del sistema geotérmico. Y lo logramos. Sin renunciar al confort. Sin colgar placas decorativas. Y sin vender humo.
Desde entonces, más de 1.200.000 € ahorrados y las emisiones han pasado de 1.000 toneladas al año a prácticamente 0.
Este 2026 cumplimos 10 años de aquella apuesta. Y ahora culminamos su cuarta versión: 3 bombas en cascada, 5 procesos de intercambio, rendimiento de reloj suizo y equilibrio térmico absoluto.

Las mayores exigencias sociales de confort hacen imprescindible una instalación a 4 tubos, para poder calentar o refrigerar de forma simultánea. Y lo fácil, lo habitual, lo caro… habría sido colocar calderas para calefacción y plantas enfriadoras para refrigerar.
Pero no. Optamos por un sistema en paridad térmica, capaz de aprovechar todos los flujos y estados térmicos del proceso. Sin derroches. Sin apaños.
Un proyecto sin precedentes, que sepamos.
Todo pensado, nada comprado. Lo diseñamos nosotros, con ellos, para ellos. Como un sastre que no vende trajes, sino que viste a quien se los pone de verdad.
Un buen diseño técnico puede ser tan hermoso como un boceto de cuento. Aunque a veces parezca más una batalla entre ingenieros, proveedores, intereses y bombas de calor.
Lagunas, en sus dibujos, no diseñaba pasillos. Diseñaba deambulatorios.
Y no es lo mismo. Nosotros diseñamos procesos térmicos, no compramos calderas ni splits. Que tampoco es lo mismo. El color en el diseño o la pintura transmite arte; en las termografías, al ingeniero le transmite información.
Este hospital es la prueba de que lo técnico puede ser humano. Que la eficiencia no está reñida con el alma. Y que, si se diseña con propósito, lo que hoy parece imposible será mañana la nueva norma.
80 años después, el Hospital San Juan de Dios no solo cuida la salud de quienes entran por su puerta. También cuida del aire que respiran. Del agua que no contamina. De la energía que no despilfarra.
Y lo hace porque alguien, en 1946, decidió dibujar un sueño y el hospital permitió que se hiciese realidad. Y porque alguien, en 2006, en 2016 y ahora en 2026, propuso un diseño, y de nuevo el hospital permitió que este fuese real y factible.
Hoy nos toca a nosotros decidir qué hospitales, qué edificios, qué planeta queremos dejar dentro de otros 80 años. El nuestro ya está diseñado. Y sigue funcionando.
Como un reloj. Sin humo. Sin ruido. Y con alma.
Feliz día de Reyes
Sobre el autor